Aparecían allí unos círculos y figuras espirales, unos cuadrados y unas manos al parecer estampadas, todo trabajado como a punta de pico. Un remedo de la pintura de una mujer aparecía en una faz de la piedra y una especia de cruz con los extremos de los brazos vueltos hacia arriba. Era majestuoso el sitio tanto por lo presente como por lo pasado. El silencio de los bosques, la presencia de don Demóstenes, de José y de Ayacucho; aquellas pinturas antiguas, adoratorias tal vez, de una nación guerrera y populosa; todo era para meditar, para llenarse por lo menos una imprescindible melancolía (Díaz 68).

Gerogríficos indios en rocas de las cercanías de puente de Greñas, ubicado en la página 380 del periódico No 23 [Año 1]

Este grabado no se encuentra acompañando ningún artículo en el períodico; sin embargo, el fragmento anterior de 'Manuela' de José Eugenio Díaz podría ser, a mi parecer, un gran acompañante para este grabado. Es, de hecho, uno de los fragmentos más curiosos de la primera parte de la novela. Don Demóstenes, uno de los protagonistas, habla con José, su criado, y le explica que estas intervenciones artísticas que observaron a la entrada del bosque eran un recuerdo de sus antepasados. Demóstenes, casi que, obliga a José a hacer una adoración al sol, abogando por adorar a sus antepasados, pero José acaba contestando con oraciones cristianas y Demóstenes lo regaña. José ya fue despojado de las creencias y rituales de sus antepasados y puesto en una sociedad en donde se reza en la misa y no de rodillas frente al sol. Antes, José hubiese sido regañado por haber adorado al sol -así como lo fueron sus antepasados durante la colonización-, pero ahora, es justo eso lo curioso, don Demóstenes le regaña por hacer las oraciones que durante siglos le han estado imponiendo.

Este grabado muestra unos jeroglíficos indios en unas rocas erráticas en el municipio de Pandi. Muy parecido a lo que Don Demóstenes y José encuentran en la novela. Como se narra un poco en el comentario al grabado del Puente de Icononzo (Pandi), el antiguo lago de Fusagasugá se desbordó y dejó al descubierto un río probablemente antes subterráneo, el cual pasa bajo el puente de Icononzo; se dice que esta catástrofe natural fue retratada en las rocas frente a Boquerón -Tibacuy, cundinamarca- por los nativos indígenas muiscas.

La historia detrás de este grabado, y al observarla con el fragmento de 'Manuela', aporta a la conversación sobre paisaje-naturaleza la idea de lo perpetuo. Cuando Demóstenes habla a José de sus antepasados a modo de queja ante el cambio drástico que ha hecho la sociedad a sus costumbres y rituales, sitúa la narración es una línea de tiempo. En esta línea de tiempo se ve que las personas cambian, las sociedades cambian, pero la naturaleza permanece. Como también muestra el grabado, y su presencia en el periódico, la naturaleza ha estado ahí siempre para ver los cambios de la sociedad, carga consigo la historia del pasado y va inscribiendo la historia del presente. Ella congela la realidad; cada estampado, incisión o trazo era la manera de detener lo cambiante, y se debía buscar un lienzo perpetuo que garantizara ese viaje en el tiempo.


¿DESEAS CONOCER MÁS?

Sobre esta piedra errática en las cercanías del pueblo Pandi Manuel María Paz tiene una acuarela perteneciente a la colección de láminas de la Comisión Corográfica (1850-1859). Si la deseas ver detalladamente puedes acceder aquí y aquí; pertenece a la colección digital de la Biblioteca Nacional de Colombia. 

Manuel María Paz tiene también una acuarela con jeroglíficos de los indios, a inmediaciones de Facatativá, perteneciente a la colección de láminas de la Comisión Corográfica (1850-1859). Si la deseas ver detalladamente puedes acceder aquí; pertenece a la colección digital de la Biblioteca Nacional de Colombia.

Manuel María Paz tiene también una acuarela con jeroglíficos hallados cerca Aipe perteneciente a la colección de láminas de la Comisión Corográfica (1850-1859). Si la deseas ver detalladamente puedes acceder aquí; pertenece a la colección digital de la Biblioteca Nacional de Colombia.

Sobre estos rastros indígenas y su significado Carmelo Fernández tiene una acuarela sobre las piedras pintadas de Saboyá de la provincia de Vélez, perteneciente a la colección de láminas de la Comisión Corográfica (1850-1859). Si la deseas ver detalladamente puedes acceder aquí; pertenece a la colección digital de la Biblioteca Nacional de Colombia. 

Carmelo Fernández tiene también una acuarela con la piedra grabada de Gámaze perteneciente a la colección de láminas de la Comisión Corográfica (1850-1859). Si la deseas ver detalladamente puedes acceder aquí; pertenece a la colección digital de la Biblioteca Nacional de Colombia. 


Por: Julie Guardo Quintero

© 2020 Álvaro Palacios. P° de la Castellana 79, Madrid, 28046
Creado con Webnode
¡Crea tu página web gratis! Esta página web fue creada con Webnode. Crea tu propia web gratis hoy mismo! Comenzar